Obituario sin nombre (poema)
Absorbida por una lumbre desconocida
intento imaginarte, oh, mi dios redentor
qué nuevos milagros me traerá este verano
al abrigo de qué oraciones latiré
cuánta sangre habrá en mi deseo
de qué secreto modo te adoraré en la última hora del día
Tan cerca de aquí de mi pecho
Tan pesada la cruz, tan crueles sus astillas
Hago cuentas en una atiborrada libreta.
Intento invitarte, oh dios piadoso,
a la cálida sombra del llaky
a la soledad inquilina de este corazón roto
ah, dios, en cada canción que te dedico
acércate, no hay nada más poderoso que tú
ahora
al momento de espesar la salsa
de colgar el pantalón en la percha
de remojar las lentejas
de apagar la luz
siento la vida respirar
en este amor que te profeso
a la hora del baño
a la hora de salir
de volver
a tu verso tierno
a tu sentir de pájaro.
Estoy preparando una ceremonia
no voy a tocar tu morena piel porque su brillo hace temblar mi fe
porque hacia el final de mis seculares noches
te traigo, te llevo, te evoco
y no hacen falta pruebas
de que existes en mí
en mi cuerpo entero
nunca desnudo
por el frío de los valles de altura
por el inconmensurable racimo de tu pureza
por los siglos de los siglos...

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