No son gajes del oficio
¿No era que el joven estudiante padecía cada día ir a la escuela (la cárcel), a cargarse de obligaciones, a “perder su infancia”? ¿Es que el alumno merece –como niño y por derecho- toda la contención en casos de dificultades dentro de su mundo particular fuera o dentro del aula? ¿Por qué me angustia tener que ir a pararme frente (porque ya no te podés “sentar con ellos”) a un curso de veinte o treinta educandos? ¿Por qué ya no me entusiasma? ¿Por qué será que siento la brecha cada vez más y más amplia, hasta convertirse en un abismo? ¿Puede ser que sienta que ir a la escuela (mi trabajo) sea una especie de castigo? ¿Que ir a dar clases sea un ir a perder tiempo y a exponer al menosprecio años y años de formación? ¿Será que el profesor –como ser humano y por derecho (laboral)- merece una respuesta firme ante las dificultades también? Hoy un joven, cuya trayectoria académica no se destaca positivamente, me cuestionó el apelativo que usaba en clase para convocarlos: “compañeros”. Aunque...