miércoles 21 de octubre de 2009

Traspapelado


Rompiendo otro árbol por inconsciencia.



Las cosas bellas que se suceden como bellas sólo en el dolor más agudo, en el error.


Rogar a la espontaneidad alguna creación inédita y exclusiva frente al momento único.

Robar a la espontaneidad alguna creación inédita y exclusiva frente al momento único (ajeno).

Como ver una instantánea del progreso, una sola fotografía del lunes, de enero, de hace dos líneas. Ver el rostro abúlico, su acidez socavando el espacio feliz, beneficiario de la más augusta filantropía, perdonando el exceso, olvidando el suceso, perdonando la rima.
Yace oculta la única verdad que se persigue sin querer ¿Es genialidad? No hay lazo ¿Idiotez? Del otro lado la situación está dominada por un equilibrio precario. Es pura picardía y ante los ojos de Jazzela Ja(en otros tiempos, cristiana), sobrevive.
Una calle, muy de noche. Un papel (un papelón). Volverá impávido a sus propias ruinas, y comentará el desempeño de lengua en el tronco. Es tenebroso en su severidad, vil, vil.

El alimento para el niño que ha olvidado todo. Que lo bueno se reduce a un trozo de queso.

sábado 8 de agosto de 2009

La mano de dios en el globo

El Sumo… es despertado una cálida mañana por el fulgente respaldo de su cuna dorada. Es hora de revisar el tema (tiquití tiquití tiquitiií –fichero mental procesando-…) ¡pobreza!... ¡qué ganas de volver al sueño! mon dieu! Se acerca al globo terráqueo, lo hace girar y el dedo papal cae justo sobre el norte de Argentina (Maradona, tango, mate, treinta mil y pico de desaparecidos, Evita –cof, cof-) manangia miseria!, exclama el papito, mientras la bata de seda acaricia su viejo cuerpo papal.
En silencio, se va arrimando a su derecha el asesor, la mano derecha bien derecha del papito máximo y le pregunta, tesuá Arjenminia? El Sumo… se rasca la cabeza y responde, ja.
La carta que se redacta, reza urgencia y desesperación, por los pibes que no comen, por los pibes que viven en las villas, por los pibes que no creen (yeah yeah god is great yeah yeah god is good). El Sumo…mira al Cielo (¡Qué buen óleo de Rateraux! Ejem), mira al Cielo, mira a Dios, Argentine!, dice con honda preocupación.
El lacayo que toma nota, comenta (por comentar alguna cosa), hablan español. Pero seguro entenderán inglés ¿no? Poverty, prayer, soya, and then prayer.
El comunicado llega a suelo argentino, a las manos de Jorge, y meses después a los ojos del pueblo (los diarios, la televisión, internet). Jorge traduce el mensaje. Aprovecha el 7 de Agosto, Día del Santo Cayetano; un sociólogo dice que nunca existió. La gente a pesar del frío se acerca a pedirle trabajo, a dar las gracias por el pan de cada día.
Tantos años y la Iglesia tan cerquita de la gente… ¿cómo es que no se nos ocurrió antes? Unámonos con el Gobierno para combatir ese monstruo.
Jorge se para frente a los parroquianos y expresa pausadamente esa idea tan pacífica, tan cristiana, tan repetitiva; como la paciencia y la solidaridad, tan saturada.
«Las colectas marketineras, la bendición a los fieles, los curas villeros, el peloteo ése con las grandes palabras haciéndonos creer que ya desde el discurso “están haciendo algo”, porque lo reconocen: no es novedad.»
El día del dedo sobre el norte argentino, ese día tan papal, el sumo pontífice no pudo dormir. Qué injusticia, qué indignación… el gol con la mano a los ingleses.

viernes 7 de agosto de 2009

Mon amour

¿no ves muchacho ese brillo
de la gota de saliva que cae
diciendo mi nombre?




de tu boca pequeña
que yo llamo jibouti
baba
allí mi nombre bucea


el murmullo alivio
fervor el silencio
gritando la gota de nombre
cayendo


no temas, llegarás al peso
romperás la balanza
inundarás tu habitación
y alcanzarás la gloria
en mis pupilas
reflejando ese brillo de la gota
de cinco letras


la combinación impar
la cabeza sin cuerpo
el mar dulce y quieto


pero si cerrás la boca
no me puedo ver
no te puedo oír jibouti
diciéndome



domingo 2 de agosto de 2009

Ni arte ni parte

Desnuda frente al artista sin pensar.
El hombre, pincel en mano, intenta descifrar los sueños de ella: tan sin ropas, anhelante.
La muñeca posando con una naturalidad imposible, concentra su mirada en la paleta de colores, acaso le agrada que Bernabé (pincel en mano) diga castaño. Castaño y no marrón.
Bernabé, hecho artista, hecho pincel, se equivoca: el pezón derecho no es tan circular. (¿LE MOLESTARÁ A LA SEÑORITA QUE LE INVENTE UN LUNAR JUSTO AL LADO DE...?) La modelo, supongamos de nombre Ema. Supongamos, se entusiasma con un lunar que no tiene.
El artista (porque tiene una paleta, un lienzo y un pincel) no pretende una copia fehaciente de ese cuerpo que tirita (Y AHORA PEZONES MÁS PEQUEÑOS, AUREOLAS PUNTIAGUDAS, OSCURAS, SEGURO RUGOSAS).
Ema, clavada en su silencio, tan estática de pronto y en ese instante no: piel de gallina, pelos erizados, leve tremor en el vientre.
Bernabé (creámosle) busca en esta obra, plasmar un alma hecha cuerpo /un hombre hecho pincel/, o mejor, un alma desde un cuerpo, o más bien, un alma y un cuerpo, a su antojo y semejanza. Ahora mismo Ema.
Despojada de pensamientos /frente al artista sin pensar/, vacía de aleluyas frente al artista escalofriante.
El hombre imagina finos trazos sobre esa espalda a punto de esconderse en una camisa de plumetí blanca.
La SEÑORITA camina hacia el bastidor, se figura rehén, se mira desconfiada, con sombras y vastas pretensiones.
Vuelve al cuadro.
B., abatido por amor al arte se dirige al lavabo y se quita lentamente todo resto de fortuna, todo rastro de quimera.
Rompe el cuadro.
(Todos los caminos conducen al coma)

jueves 23 de julio de 2009

Donde quiere hace pata ancha

Mi intención no es divertirlo a usted, y canto sólo porque me lo pide, y ando aburrido y miro las mesas de allá, esos dos jugando, pobres pajaritos, me recuerdan esa historia repleta de motivos y rimas forzadas que dice: "Está la apuesta fuerte que pide asilo en lo que abiertamente se asume como cursi (escrúpulo). El entusiasmo, el inevitable entusiasmo por lo no calculado, por el enigmita: sentirse atraído (demorado) por la falta de referencia porque si se explica se pierde el entusiasmo por el enigmita (un enigmita tan sencillo) no calculado. Si se piensa y no se rompe. Si se atreve y no calla."
Y sigue más o menos así: "Una silueta demasiado esbelta se deja delinear resaltada su sonrisa, superpuesta su sonrisa, ambigua por excelencia. Cómo recorre ese espacio de fascinación el trazo fino que es su cuerpo a la final ese dibujo pertenece a quien lo desea tan perfecto de una sola vez con el lápiz color negro, el pulso -puro grupo: saldrá todo bien-. Una silueta a impulso vivo, atorrante. El cuento que nace de la falsa predicción. Del horizonte de silueta con sonrisa superpuesta. Exagerando el golpe a tiempo, a ritmo (el piano bravo, bravísimo) caminando juntos, y más allá la delgada silueta. Vení, jugá y ganá."
Ahora mirálos ¿quién es quién en esa partida?

sábado 11 de julio de 2009

De recorridos

Corría todo el frío en dirección a su rostro. Conveniente encender un cigarro (“y me caliento la cara con el cigarro encendido”). Ni siquiera se trataba de un frío de pleno invierno en plena noche, porque habría sido fácil decir: “es invierno, es de noche, y hace frío” porque hacía… Pero en la cara… no se justifica. El quinto rostro en esa fila de pasajeros esperando el bondi colorado (“todo llega, amigo”). Y ¿a tiempo? Ni siquiera se le ocurrió pensar qué día era ¿Alguna fémina por ahí? Pero primero lo primero, subir al bondi. Debió hacerle caso a Catalina, ella que le decía que había que humectar la piel por eso del viento frío en la cara. Catalina… qué lejos estaba Cata, seguro poniéndose cremita en la cara, en la casa, en todos lados. Y aquí estaba al fin. Ahora a esperar que el morrudo conductor pase ficha de horario y recorrido, y… ¡arriba! Derecho al asiento de uno… bien atrás. Uh, todavía esa molestia en la rodilla. Hay que disimularlo, olvidarlo, no puede ser algo grave. Nunca tan grave como para que no pueda ir con los chicos el domingo a jugar. Aunque la rodilla no es el problema… ya no es como antes. Los tiempos del crack. Y cómo los domingos en el partido no hay este viento, el frío en la cara. Pique, dale, noo. Acá, eso, eso. Uuh… No, no es el juego de antes, la rapidez, el bailoteo con los pies. Era esa misma sensación, ese tironeo del sábado pasado, en el lento con Majito. En la rodilla del crack. Debió ser el tema de Chayanne. Un duro golpe a la rodilla ¡crack en la rodilla del crack! ¿Fue Majito? No, porque le esquivaba la cara. Y eso se explica por el aliento a cerveza y el sonido agudo en la rodilla (ella lo sintió). Y en cada mala asistencia y en que cada pifia, domingo tras domingo /no, ya no es como antes…/ su cara esquivaba la de sus compañeros. Porque no lo pueden creer, cómo bajó el nivel. Y eso que no lo vieron mover el culito al compás de la canción de Chayanne. La cara que evitaba las miradas era esquivada por Majito que escuchó la rodilla del crack. Y qué le pasará al gorila que pega esas frenadas del demonio. Y a esa señora que mira y mira, acaso creerá que el rostro del crack le devolverá la mirada y cederá su asiento de uno. Está loca. Masajes en la rodilla con cremita, con crema gel, con las manitas de Cata. Pero callada. No es conveniente hacerla hablar, ni siquiera en el recuerdo. Y llevar las manos de escritor en ciernes a la máscara de hielo que viaja en el bondi colorado a 60 km/h por Santa Fe. Descenso. Abran paso, y esperen que baje el abuelo. Qué duro. Aunque por suerte y como siempre habrá cerveza, y buenos amigos (buenos testigos), que harán oídos sordos a la queja del ligamento cruzado o la rótula, y ojos ciegos al rostro secándose un día como cualquier otro. Hoy.

jueves 2 de julio de 2009

No, ahora no que hay mucha gente

Hola, mirá, el otro día, salí toda tapada. Se sabe por qué, osea a esta altura deberías estar informado del por qué. Se me veían los ojos nomás. Yo pude verte, no sé si vos también. Al menos si me reconociste. Ese día estabas solo (como te imagino siempre: solo). No me acerqué porque estaba apurada. Estaba en otra. Y debía estar atenta, porque viste los virus. Bueno, disculpá, me colgué. Yo me cuelgo… además toda tapada… no sé cómo me veía toda tapada. El invierno no es sexy. Osea, no mostrás nada, y una toda tapada (y tanto que mostrar...). La lana es lo lindo del invierno. O la cama ¿no? Ah, pero por suerte nos encontramos allá (no en la cama, -aunque quisieras-). Estuvo tranqui la noche. Estuvo linda. Yo bailé como si fuera mi último día en la Tierra. No reparé mucho en el resto, creo que corté el pie de una amiga con mi taco. Pobre. Sí, debe haberse puesto una curita y listo. No sabía que mi taco era tan… pero bailé, toda la noche. Bailamos juntos ¿viste? Y bien, y lindo. En un momento te pusiste tan nervioso que me sentí una yegua. Osea, bailábamos y vos sentías que te estaba regalando mi vida, y más o menos que sí. Pero era la música. Me fascina bailar y vos estabas ahí, acompañando mis pasos. Y bueno, todo estaba más que bien. Sí, me agrada tu perfume. Todo el tiempo te lo digo. Sé que no te cansa, es mi halago para vos. Porque no sé, sos buenito nomás. Bueno, no sólo eso. Apenas te conozco (apenas nos conocemos). Pero hablo bien de vos. Sí, tranquilo. Cuando me viste con el rubiecito ése… no, no; no nos reíamos de vos. No le conté que llamaste a mi casa tres veces y cortaste las tres veces. Porque te atendió mi vieja ¿no? Y te dio vergüenza. Va a pensar que sos un idiota ¿por la voz decís? No, tu timbre de voz es… normal. Normal… lindo. Ah, pero te zarpaste. Mientras nos apretábamos, porque estábamos demasiado juntos, todos se dieron cuenta, a mí me daba risa y un poco de éxtasis… te acercaste a mi boca, me mordiste el labio… qué… ah, te volteaste, pensabas me va a cachetear. Pero cómo. Repetí dos veces para que entendieras que, mis manitas “nacieron” para escribir nada más, nada de golpes. Ay, parecías un nene. Y ya sos un muchacho bastante grande. Más grande que yo, y lo sabés. Pero jugás. Llamás a casa y cortás. Y te vi triste hacia el final… cuando yo me descostillaba de risa con el rubio. Mi amigo personal, El Rubio. Amigo de todos, además. Igual seguro no estás tan solo (como me imagino, como me decís, bah), seguro no sos tan buenito. En un momento derrapaste, ibas re bien, por un caminito tranquilo, un camino recto recto… y de pronto, de pronto o no, paf. Pero, como todo hombre, muestra la hilacha en algún momento… y sí, se sabe, se sabe. Es como esta cuestión de la gripe ¿Me dijiste que votaste a K? Ah, pero qué… Bueno, sí ese domingo también estaba toda tapada. Aunque me faltaba tapar los ojos, porque ese día… qué desastre, la gente cree en ese rubio. No en “nuestro rubio” el que se reía conmigo, no, en el otro (que se ríe de nosotros). Se nos viene la noche. Sí, a todos. A nosotros dos también. Jaja. Te latía fuerte el corazón, y me mordiste el labio y te volteaste, te fuiste a esconder tras una cortina. Un show. Yo no miré a mi alrededor. Todos te vieron. Nos vieron. Seguimos bailando. Comportáte ¿no?

lunes 8 de junio de 2009

Comezón

Él repite que le gusto, asegurándose de no dejar lugar para otra cosa que el “me gustas”. Le gusto como le gusta el básquet, la cerveza o un buen polvito. Y aunque es cierto que también le gusto porque sabe que estoy perdida, loca y absurdamente enamorada de él, pienso en lo otro. Lo otro es aquél lugar en su supuesto corazón que está repleto de otras historias, historias que no ha podido resolver, concretar; de miedos invisibles, de amoríos imposibles. Mi amor y yo somos muy obvios. Está seguro de que allí estamos (mi amor por él y yo), digo, parados en el abismo, siempre a punto de tirarnos sobre el “me gustas”: espinoso, irrisorio, cegador. Mi amor más a punto que yo. Porque yo temo, temo. A veces vuelco mi mirada sobre las barbas de mi otro destinado. Mi otro destinado me mira, no se deslumbra ni nada. Se enfoca en mi sonrisa, mi sonrisa que esconde a mi amor a punto de caer. El barbudo destinado no comprende por qué “si sos tan linda”. Me recomienda que no crea en el tarot y me desafía a estar feliz con él y sus ojos mirando mi sonrisa escondedora.

Él, claro y amable con su “me gustas” reanima los fuegos eternos de mi esperanza por algo más. Pero… ¿hay algo más concreto e irrefutable que un “me gustas”? El futuro me responde por él, lo que está escrito para mí es una hoja en blanco con una frase ininteligible. Lo que está escrito sobre mi amor, él y yo, repito: blancura, pureza, verdad (porque en mí eso existe todavía). Sobre el triángulo trazado al borde del abismo, sobre el invento para sorprenderlo cada día, por el intento de llamar su atención o distraer mi tensión. Y no pesan nada esas dos palabritas, palabrotas. Son la pluma de mi ahora escribiendo esto que digo.

sábado 30 de mayo de 2009

arrójale esa cáscara al espejo


Esperaba que no lloviese. Eran unas zapatillas demasiado blancas, demasiado nuevas, que no decían mucho sobre él mas, no quería mojarlas.
Tomó su 60. Un sol abrigado aún daba la idea de mediodía y su cara se reflejaba en la ventanilla. “Y es este yo que ella no puede dejar de mirar”.
Unos labios con la importancia de una cicatriz adornaban su rostro. No iba a sonreír, se vería ridículo sonriéndole a la ventana. Un viejo con paraguas se sentó a su lado inquietándolo. “Hombre precavido”. Volvió a su imagen, concentrándose esta vez en sus ojos. Practicó miradas, aunque con dificultad; el reflejo de ese mismo sol de hace un rato impedía un adjetivo de precisión. “¿Triste? ¿Misteriosa?”.
Doscientas frenadas y llegaba a destino. Centenario guardaba el espacio justo para su recorrido. La florista, el volantero, el del puesto de diarios y Fabio el kioskero lo saludaban convencidos de que no llovería.
Una camisa celeste lo aguardaba en una perchero improvisado mientras le comentaba a su compañero lo mal que había jugado La Gutiérrez. Trece holas, diez panchos y cinco cafés después, Belgrano escupió a tibia casualidad hasta el banquito barnizado del local. Pidió lo de siempre, apoyando los codos en el mostrador y sonriendo.
Cuando la camisa celeste corrió su pecho en dirección hacia ella, el trapo rejilla intentó escurrírsele de sus manos. Ella le habló:
- Qué carita hoy, eh.
El tren a Retiro avisaba que abrieran paso, el zorro gris silbateaba en la esquina de la sin nombre... No pude escuchar qué le contestó Romario. Me imagino que improvisó alguna mueca amable, de esas tristes o misteriosas, ininteligibles, seguras.

domingo 3 de mayo de 2009

El vino y los detalles

(Antes o después de chocar nuestras copas y compartir unos do re mi)
Relaciones extrañas si las hay, esta de ahora, la reciente, la ejemplar. Lo extraño llama mucho la atención. Voy hacia lo extraño, con un poco de culpa por dejar lo claro saludable, lo lindo seguro. Y llego rápido, con los ojos ciegos de intriga, con el corazón dispuesto a comprobar si vale la pena. Así una va, hacia lo extraño, nuevo. Hacia el gesto conciliador, sorprendido gesto calculado por lo incierto.
Su carta decía: “Querido pequeño amigo o gran compañero o bufón o cómplice o sujeto con guitarra y promesa, No cabe duda que la intención es saberte bueno, digo tu intención.Yo no sé.Pero tampoco voy a hablar de lo difuso¹, mis besos hablarán por lo difuso y a tiempo. Ojalá sepas escucharlos y comprender ¡Ah! Y además recordar que detrás hay un alma, como la tuya, un alma como la tuya”
No firmé esta carta, además son esas cartas sin derecho a réplica, de las que al terminar de leer, hay que romper. Toda la explicación se explica por el hecho puntual de que se trata de una relación extraña ¿Hay que hablarle con ternura? ¿Cuáles son los riesgos? Porque lo bueno de lo extraño sólo es que llama la atención, llama a la sorpresa, al cambio de planes a último minuto, a regresar a casa acurrucada en un asiento pensando en el rostro de quien dejás abrigado y casi dormido en la parada, diciendo chau en el silencio de algunas bocinas esperando el coro de los primeros pájaros de la mañana que nace tímida, celeste, celestial.