Hola, mirá, el otro día, salí toda tapada. Se sabe por qué, osea a esta altura deberías estar informado del por qué. Se me veían los ojos nomás. Yo pude verte, no sé si vos también. Al menos si me reconociste. Ese día estabas solo (como te imagino siempre: solo). No me acerqué porque estaba apurada. Estaba en otra. Y debía estar atenta, porque viste los virus. Bueno, disculpá, me colgué. Yo me cuelgo… además toda tapada… no sé cómo me veía toda tapada. El invierno no es sexy. Osea, no mostrás nada, y una toda tapada (y tanto que mostrar...). La lana es lo lindo del invierno. O la cama ¿no? Ah, pero por suerte nos encontramos allá (no en la cama, -aunque quisieras-). Estuvo tranqui la noche. Estuvo linda. Yo bailé como si fuera mi último día en la Tierra. No reparé mucho en el resto, creo que corté el pie de una amiga con mi taco. Pobre. Sí, debe haberse puesto una curita y listo. No sabía que mi taco era tan… pero bailé, toda la noche. Bailamos juntos ¿viste? Y bien, y lindo. En un momento te pusiste tan nervioso que me sentí una yegua. Osea, bailábamos y vos sentías que te estaba regalando mi vida, y más o menos que sí. Pero era la música. Me fascina bailar y vos estabas ahí, acompañando mis pasos. Y bueno, todo estaba más que bien. Sí, me agrada tu perfume. Todo el tiempo te lo digo. Sé que no te cansa, es mi halago para vos. Porque no sé, sos buenito nomás. Bueno, no sólo eso. Apenas te conozco (apenas nos conocemos). Pero hablo bien de vos. Sí, tranquilo. Cuando me viste con el rubiecito ése… no, no; no nos reíamos de vos. No le conté que llamaste a mi casa tres veces y cortaste las tres veces. Porque te atendió mi vieja ¿no? Y te dio vergüenza. Va a pensar que sos un idiota ¿por la voz decís? No, tu timbre de voz es… normal. Normal… lindo. Ah, pero te zarpaste. Mientras nos apretábamos, porque estábamos demasiado juntos, todos se dieron cuenta, a mí me daba risa y un poco de éxtasis… te acercaste a mi boca, me mordiste el labio… qué… ah, te volteaste, pensabas
me va a cachetear. Pero cómo. Repetí dos veces para que entendieras que,
mis manitas “nacieron” para escribir nada más, nada de golpes. Ay, parecías un nene. Y ya sos un muchacho bastante grande. Más grande que yo, y lo sabés. Pero jugás. Llamás a casa y cortás. Y te vi triste hacia el final… cuando yo me descostillaba de risa con el rubio. Mi amigo personal, El Rubio. Amigo de todos, además. Igual seguro no estás tan solo (como me imagino, como me decís, bah), seguro no sos tan buenito. En un momento derrapaste, ibas re bien, por un caminito tranquilo, un camino recto recto… y de pronto, de pronto o no, paf. Pero, como todo hombre, muestra la hilacha en algún momento… y sí, se sabe, se sabe. Es como esta cuestión de la gripe ¿Me dijiste que votaste a K? Ah, pero qué… Bueno, sí ese domingo también estaba toda tapada. Aunque me faltaba tapar los ojos, porque ese día… qué desastre, la gente cree en ese rubio. No en “nuestro rubio” el que se reía conmigo, no, en el otro (que se ríe de nosotros). Se nos viene la noche. Sí, a todos. A nosotros dos también. Jaja. Te latía fuerte el corazón, y me mordiste el labio y te volteaste, te fuiste a esconder tras una cortina. Un show. Yo no miré a mi alrededor. Todos te vieron. Nos vieron. Seguimos bailando.
Comportáte ¿no?